Conducta: Agresión y violencia





LA VIOLENCIA Y AGRESIÓN EN TIEMPOS DE AVANCES


"Somos seres agresivos pero emocionales, somos seres violentos, pero humanos... racionales y sociales, por naturaleza sabemos cómo convivir en armonía y melodías blancas como negras...contemplo los asesinatos como forma de equilibrar la población, pero una forma inhumana, apresurada, para sobrevivir dirían los delincuentes, aquellos que no han sabido del sentimiento del ser "humano" o que lo han sufrido y fueron "deshumanizados", aquellos que son considerados las "lacras" los hijos de una sociedad putrefacta." 
Gabriel Cabrera Ysla.


Introducción 

La violencia es tal vez la principal razón por la cual el cambiar la forma de educar es una preocupación para mí, ver tantos actos "inhumanos" desde atacar a otros seres humanos a atacar animales o amaestrarlos conductualmente para las peleas, las carreras, etc., ver como día tras día en las noticias, en las redes sociales encontramos  hechos preocupantes, hechos que desde hace ya muchos años lo visualizo desde la perspectiva en como es este sistema educativo basado en un diseño "penitenciario" por qué se ingresa a una determinada hora a las aulas, hay un timbre para ello, un timbre para el refrigerio y otros más para que ingresen y para su hora de salida, uniformes escolares, cabellos atados, vigilantes que aseguran que los alumnos no "escapen”, ubicados por edades,  aulas monótonas, un profesor que dirige a una orquesta a la cual les arrebataron  sus instrumentos (poda sináptica por poca utilización de los instrumentos de “creatividad"), una escuela "ploma" donde no hay motivación tantas veces extrínseca como intrínseca.

El abordaje de temas de poco interés con el afán de "hacerlos mejor" pero en matemática y comunicación, pruebas constantes no solo al alumno también a los docentes, la falta de autonomía del profesor...la falta de empoderamiento del maestro y el sistema que solo busca incluirnos a la economía activa y no a una sociedad colaborativa.
No olvidemos mencionar la sociedad, la familia, los medios televisivos, las formas de diversión social, la pobreza, el maltrato de toda índole, la inmigración, la poca descentralización.

Nace una pregunta ¿Una buena educación desde el plano neurocientifico desde el preescolar cambiaría nuestra realidad? para mi es si y pienso drásticamente que es la educación única forma de obtener resultados.  La violencia avanza a paso firme con la tecnología, hace más visible las diferentes formas de violencia.

Ahora bien hablemos de neurociencias y conducta agresiva

1.Agresión y agresividad


Diferentes estudios enfocados al estudio de la violencia y la agresión exploran la semántica de la agresión por las similitudes que se encuentran entre sí. Salas (2008) señala la existencia de estudios que consideran la agresión como daño físico sin diferencias a otros tipos de agresión por lo que es necesario "un estudio semántico que aporte algo nuevo al conocimiento de la violencia que no sea a partir de observaciones conductuales o mediaciones físicas de recursos" (Salas, 2008, p.333).

Para definir el concepto de agresión, se toman en cuenta aspectos de conducta y de intencionalidad. Según Salas (2008, p.33) la agresión es "una conducta destructiva o punitiva dirigida hacia una persona u objeto" lo que suele interpretarse como una conducta que persigue causar un daño personal. Entendida así, la agresión es un acto intencional para causar dolor, físico o mental, a otros. Port otro lado, para atribuir agresividad a un acto se consideran los siguientes criterios: intencionalidad, grado del daño, la causa (ofensivo y defensivo) y el método. La agresividad es la inclinación a actuar de forma agresiva pudiéndose distinguir entre la agresividad como un estado, una inclinación momentánea o como un rasgo de personalidad, que es algo más profundo y permanente (Bjöerkqvist, 1997).

La diferencia entre agresividad y agresión consiste en que la agresión es "(...) un acto en si, como una conducta palpable y efectiva (...) y la agresividad es la tendencia inicial que puede dar lugar a una agresión posterior"(Duran, 2004, p.18). Viéndolo de esta forma, la agresividad seria la cualidad que se atribuye a los sujetos que son capaces de cometer actos agresivos, y por tanto, algo subyacente a la conducta agresiva.

Para Cereza (2009) la expresión agresividad se emplea de muchas formas y sentidos diferentes. Parece ser agresividad el llanto y desespero de un pequeño que clama por su leche o las patadas de un  compañero a otro para conseguir un juguete. Para esta autora la agresividad se manifiesta de manera encubierta e indirecta en donde aparecen conductas que encubren la negación de ciertas condiciones, que no quiere asumir directamente. En este sentido, y siguiendo a Cerezo (2009), la agresividad podría resumirse de forma esquemática en la secuencia siguiente: surge la idea, se crea el sentimiento y aparece la tendencia de comportamiento. El comportamiento agresivo aparece como una asociación interna afectivo-cognitiva que representa determinada situación, la elaboración de atribuciones hostiles y la aparición del comportamiento agresivo. Dentro de toda esta discusión de conceptos, semántica y análisis lo más importante es tener el conocimiento exacto del fenómeno de manera que se pueda percibir con mayor claridad para tener  el norte hacia donde intervenir (Fernandez, García y Benítez, 2006).

La agresión es un acto habitualmente unido a las emociones y de forma específica a la ira o la rabia. De esta forma, las emociones son precursoras de la agresión. Según Caurcel (2009) la ira es una de las emociones más vinculadas a la agresión convirtiéndose en una de las características más atribuidas a la agresión reactiva. La ira asociada a las atribuciones hostiles afecta el comportamiento ante situaciones ambiguas. Sin embargo, un acto agresivo no necesita de ira o rabia para que se produzca. Es posible agredir con sangre fría. Se diferencia habitualmente entre agresiones emocionalmente determinadas, y agresiones instrumentales (Caurcel, 2009). Tal como señala Lagerspetz (citado en Bjöerkqvist, 1997) existen otras emociones en relacion con agresión sugiriendo como ejemplo que la emoción mas común entre soldados en guerra no es la rabia si no el miedo. La rabia puede llevar a actos de agresión, pero no necesariamente.
Experimentamos rabia, tal vez a diario, pero si la rabia se usa para actos agresivos, o en una forma más constructiva, depende del aprendizaje.

Agresión reactiva y agresión proactiva

Chaux (2003) refiriéndose a Bandura, Señala que los comportamientos violentos  experimentados por niños y adolescentes son reproducidos en sus relaciones interpersonales. Los niños y adolescentes imitan dichas conductas integrándolas de forma estable en su forma de actuar, perpetuando así el ciclo de violencia y, provocando una agresión reactiva definida como "el uso de la agresión como respuesta ante una ofensa real o percibida" (Chaux, 2003. p.49) que se caracteriza por la impulsividad, los altos niveles de activación neurovegetariana y reactividad emocional (Andreu, 2009; Dodge, 1991; Vitaro, Brengden y Treblay , 2002). La agresividad reactiva se hace efectiva a través de comportamientos originados por emociones y cuyo propósito está dirigido a dañar intencionalmente el objeto que se percibe como causante del dolor y la provocación (Andreu, 2009; Andreu, Ramírez y Raine; Cerezo, 2009; Cosi. Vigil-Colet y Canal, 2009).
Para Chaux (2003, p.49), los adolescentes agresivos reactivos son "en general rechazados, aislados y tienen un estatus social bajo en sus grupos "no tienen muchos amigos".

Los agresores reactivos justifican la agresión hacia los demás argumentando que el ataque es la forma de vengar la "ofensa" recibida. En esta sentido, consideran a la víctima como culpable de la situación creada y  a ellos mismos como víctimas. Este hecho coincide con lo que Caurcel, (2009) denomina la agresión "en caliente". En contraposición a la agresividad reactiva, la agresividad proactiva o premeditada no surge de actitudes defensivas, si no persigue adquirir seguridad, dominio o jerarquía dentro del grupo (Scheithauer, Hayer, Peterman y Jugert, 2006; Tedeschi y Felson, 1994). Existen estudios que intentan distinguir los diferentes modelos a utilizar en víctimas  y agresores (Caurcel, 2009).

Cuando se refiere a la agresión proactiva, también conocida como agresión instrumental, Chaux (2003) apunta que para que tenga un  lugar no es necesario que exista algún "desencadenante" si no que aparece como medio para conseguir algún objetivo o recompensa. En esta línea, Andreu, Ramirez y Raine, (2006, p.28) afirman que  "(...) está caracterizada por el predominio de comportamientos cognitivos e intencionales". Del mismo modo, Cerezo (2009, p.25) establece que "(...) para muchos investigadores, la agresión instrumental es una forma de ganar poder y dama de forma premeditada, fría y carente de emoción". Por su parte, Ortega, Sánchez y Menesini  (2002, p.38) hablan de la desconexión moral "(...) el individuo tiene mecanismos para activar y desactivar selectivamente el comportamiento reprobable mediante la puesta en ejecución de determinados mecanismos cognitivos (...) El individuo al parecer hace una lectura rápida de su actuación y de su comportamiento y reestructura la conducta minimizando los efectos y manteniendo el individuo dentro de las conductas socialmente aceptables. Cuando se desactivan estos controles existe una desconexión que según Bandura le llama mecanismo de desconexión moral".

Bushman y Anderson (2001) Incluyen otros aspectos a tener en consideración. En primer lugar, que la respuesta a una provocación no es necesariamente impulsiva, Y segundo, la respuesta para conseguir un objetivo no es necesariamente ejecutado a sangre fría y premeditadamente. De todos modos, según algunos autores la agresión reactiva está estrechamente relacionada con la proactiva, y no hay forma de distinguir claramente entre ambos tipos (Doge y Coie, 1987; Dodge et al., 1997), en cualquier caso, tanto la agresión proactiva como la reactiva entran vinculada a la tendencia para  maltratar a iguales, si bien la agresión reactiva está más estrechamente ligada con niveles altos de victimización, trastornos negativistas-desafiantes y déficit de atención.

Siguiendo a Muñoz-Delgado J. Agresión y Violencia. Herder, (2010) plantea la conducta agresiva de la siguiente manera.
Agresión: Intentos de infligir un estímulo nocivo o conducta destructiva hacia otro. Atacar o huir con el objetivo de sobrevivir.
Violencia: Conducta agresiva con intención expresa de dañar, frecuentemente relacionada a una alteración neurobiológica.
  • Agresión impulsiva: Respuesta súbita, no planteada y exagerada ante un estímulo menor, Atacar poniendo en medias las emociones de forma impulsiva, sin medir las consecuencias.
  • Agresión predatoria: deliberadamente planeada y ejecutada, no hay una emoción fuerte para violentar ante alguien, relacionado con mentes criminales.

1.1. Definición de violencia

Expresión de hostilidad y rabia por medio de fuerza física dirigida contra personas o cosas. Agresión en forma extrema e inaceptable, sin justificación dado que hay otras formas más constructivas y humanas de expresar el enojo. El lenguaje que se maneja en estos casos incluyen además, otros términos, rabia, enojo, agresión, emoción, afecto, que también requieren ser definidos en forma precisas.

Rabia: Estado emocional caracterizado por enojo violento, incontrolable, intenso, con disposición corporal hacia el ataque. Combinación de afecto y conducta que se muestra por medio de amenaza verbal y corporal, expresión fácil hostil. Es una respuesta asociada a la frustración, que si se provoca puede resultar en violencia.

Enojo: Estado emocional de desagrado, generalmente de antagonismo, que se manifiesta con tensión y hostilidad causadas por la frustración, real o imaginada, desprecio o amenaza, injusticia. Se asocia con respuesta visceral: Taquicardia, hipertensión, taquipnea, sudoración, e hiperglicemia; forma parte de la reacción de alarma" para el ataque o la huida. LA conducta varía de la inatención causal a la violencia verbal o física.

Agresión: Conducta de enojo, espontanea o motivada, individual o gregaria, que atenta contra la integridad física o psicológica de otro(s) con intento de equilibrar la especie, selección de jerarquía y defensa del grupo. Aparece en individuos normales o con patologías del SNC, por ejemplo, en la epilepsia del lóbulo temporal por lesiones de la amígdala, la llamada "furia epiléptica".

Emoción: Acción o movimiento, subjetivo y objetivo. Visible a quienes nos rodean, dado que ocurren en la cara, en la voz, en conductas específicas, algunos de los componentes de la emoción no son visibles a primera vista, pero lo son con un sondeo científico, tales como determinación hormonal, y patrones de ondas en el Reglas emociones se expresan "en el teatro del cuerpo."

Sentimiento: Afecto, evento implícito en y generado por la emociones, por otro lado, subjetivo, siempre oculto, como debe ser toda imagen mental, invisible para todos excepto para el que lo genera, es la propiedad más privada de la persona en cuyo cerebro se genera. Los sentimientos "actúan en el teatro de la mente." Pueden ser agradables o desagradables.

Figura 1: Corte sagital del encéfalo. Señala las estructuras que participan
en la generación de conductas violentas.

2. Córtex frontal y su relación con las conductas sociales

Para comprender el funcionamiento de la corteza frontal y su relación con las conductas delictivas, se hace indispensable traer a mención el caso de Phineas Cage (1848), un obrero capataz ferroviario, el cual dirigía un equipo de demolición, y en el momento de hacer explotar una ladera de una montaña en Estados Unidos, para instalas unas vías ferroviarias, tuvo un accidente, falta que le provocó una lesión irreversible en el córtex frontal; una barra de hierro de casi un metro de longitud, perforo su cabeza por debajo del pómulo  del ojo izquierdo  y salió por la parte superior del córtex frontal. Al respecto los testigos del hecho afirmaron que simplemente cayó al piso y experimento algunas convulsiones, pero en muy poco tiempo se encontraba alerta y  en uso de sus facultades racionales. El sorprendente de este hecho es que los médicos pudieron constatar que no perdió sus habilidades motoras, ni tampoco se afectó su lenguaje, tenía plena memoria y recobro sus procesos cognitivos de una forma plena.

No obstante es necesario precisar que a pesar de no haber cambiado los aspectos anteriores, su personalidad y su vida psíquica, si origino grandes cambios. Para el Dr. John Harlow "Este paciente ha perdido el equilibrio entre sus facultad intelectual y sus propensiones animales" (citado por Dispenza, 2007:342).

Este obrero antes del accidente tenía muchas habilidades físicas y admirables rasgos de personalidad, era inteligente, sensato, ético, cumplidor del deber y respetuoso con sus compañeras. Sin embargo, posterior al accidente dicho obrero se volvió irresponsable, impulsivo, agresivo y altamente irrespetuoso con sus compañeras de trabajo. Hay que decir que 161 años después, algunos neurólogos actuales han podido aislar las regiones cerebrales del córtex frontal que origino el cambio de la personalidad de Phineas Gage inclusive se ha reconstruido la lesión de Gage a través de la tecnología de neuroimagenes, demostrando que se había dañado la parte interna de ambas cortezas frontales. Para las neurociencias de la última década la región del córtex frontal, básicamente se encuentra diseñado para ser el refugio de la cognición, del pensamiento de alto nivel, para los procesos de planeación a largo plazo, es decir es una zona de control ejecutivo de la mayoría de los procesos cerebrales más desarrollados a nivel evolutivo, también se encarga de regular la agresión y los impulsos violentos cuando las señales neurocerebrales que van desde el tálamo a la amígdala, se desvía al córtex frontal para generar procesos relacionados con la racionalidad, la lógica, la ética, la moral y la conciencia humana. Recordemos que para Rodolfo Ilinás la conciencia es producto del dialogo que existe entre el tálamo y el córtex frontal, mediado por los sentidos.

Por otra parte para Joe Dispenza, "el lóbulo frontal es responsable de las elecciones y acciones conscientes, voluntarias, intencionales y deliberadas que llevamos a cabo innumerable de veces todos los días. El lóbulo frontal es como un director frente a una inmensa orquesta. Tiene conexiones directas, por lo tanto controla como opera el resto del cerebro" (citado por Dispenza 2007:349).

Otras de las funciones que competen al lóbulo frontal y es de mucha importancia, es que logran inhibir la conducta ocasional a través de un procesos que la ciencia lo denominan control del impulso, el cual impide que nuestras acciones sean llevadas a cabo, lo mismo que nuestros pensamientos sin pensar en las consecuencias. Esta es la razón por la cual los adolescentes delictivos y no delictivos sean demasiado impulsivos, debido a que el lóbulo frontal se madura neurobiológicamente a los 25 años de edad.
En la adolescencia no solo los sujetos son inundados por una cascada de hormonas, sino que también carecen de los tipos de control de impulsos que tienen los adultos. Lo anterior también incide en los procesos cognitivos complejos.

3. De cabeza al hipotálamo: Neurobiología de la violencia

La agresividad es un rasgo biológico del ser humano y constituye una herramienta al servicio de la supervivencia de la especie, que sin esta característica no hubiera podido evolucionar ni perpetuarse como tal. Pero, ¿cuáles son los resortes fisiológicos que condicionan nuestra conducta? ¿Qué mecanismos neuronales determinan el grado de agresividad de un individuo o el paso a un comportamiento violento?

Como se ha señalado, las emociones que producen un comportamiento específico se originan en determinadas áreas del cerebro y son el resultado de reacciones electroquímicas dentro de su intrincada red neuronal. Las emociones están condicionadas por la actividad en el tálamo, en el mismo centro del cerebro; en el hipotálamo, justamente debajo de aquél; en el sistema límbico, y en el sistema reticular.

Los sistemas neuroendocrino, neuroinmune, neurovegetativo, los ritmos circadianos, todos ellos con sede en el sistema límbico, están directamente influenciados por las emociones, y buena prueba de ello es que actualmente la práctica totalidad de los psicofármacos se dirigen a actuar en el sistema límbico.

Pero concretamente, las bases neurobiológicas de la agresividad se hallan en la corteza prefrontal y en la amígdala del cerebro, considerada como la estructura dominante en la modulación de la violencia. La amígdala y el hipotálamo trabajan en estrecha armonía, y el comportamiento de ataque o agresión puede ser acelerado o retardado según sea la interacción entre estas dos estructuras. Del mismo modo, se ha comprobado en laboratorio que el estímulo eléctrico de la amígdala aumenta todos los tipos de comportamiento agresivo en los animales y hay signos que sugieren una reacción similar en seres humanos.

Por otra parte, estudios realizados en distintas regiones del córtex prefrontal del cerebro, sobre áreas específicas de control de las emociones negativas, han puesto de manifiesto la interrelación entre el córtex frontal orbital, el córtex anterior cingular y la amígdala.
Algunos científicos sostienen que la corteza prefrontal actúa como freno ante los impulsos agresivos y así parecen confirmarlo los experimentos realizados con gatos, que dejaron de atacar a los ratones al recibir un estímulo en esa área. Así queda establecido que, mientras el córtex frontal orbital desempeña una función decisiva en el freno de impulsividad, el córtex anterior cingular moviliza a otras regiones del cerebro en la respuesta frente al conflicto.

En este sentido, resultan también aclaratorias las investigaciones con humanos que relacionan la violencia con lesiones producidas en esa zona. Estas investigaciones concluyeron que personas violentas, psicópatas y gente condenada por asesinato tenían una reducida actividad en la corteza prefrontal. A pesar de estas confirmaciones no hay que olvidar que también existen muchas personas con daños en la corteza prefrontal que no cometen actos violentos.

4. Neuroquímica de la agresividad

Según se ha demostrado en investigaciones con monos, los niveles de serotonina en el organismo tienen una influencia directa sobre los estados de ánimo. Agotando sus niveles de este neurotransmisor aumentaba su comportamiento violento, mientras que al incrementar los niveles de serotonina se reducía la agresión favoreciendo las interacciones pacíficas con otros individuos.

En humanos con conductas de agresión impulsiva se ha comprobado lo mismo e incluso se han detectado niveles bajos de serotonina en el líquido espinal cerebral de individuos que se suicidaron de una manera violenta. Aunque estos resultados presentan una correlación interesante, aún no se comprende bien la relación causa efecto, pues cabe también la posibilidad de que el propio comportamiento agresivo induzca niveles bajos de serotonina y no a la inversa.

Además de la serotonina, otros neurotransmisores implicados en el gobierno de las emociones son las endorfinas, la acetilcolina, la noradrenalina, la dopamina y el ácido gama-amino-butírico (GABA). En concreto, la impulsividad y el descontrol emocional se relacionan también con un déficit de endorfinas. Con el descubrimiento en 1975 de las endorfinas (morfinas endógenas) nacieron también las técnicas de estimulación química para experimentación. Estas técnicas consisten en la estimulación de determinados circuitos de las redes neurales del cerebro con la inyección de diversas sustancias químicas con el fin de producir diferentes respuestas emocionales.

Se ha observado así que los animales muestran patrones de conducta muy similares a los del hombre y pueden, por ejemplo, aprender rápidamente a mover una palanca para recibir inyecciones de sustancias adictivas, como opiáceos, barbitúricos, alcohol, cocaína, etc.

Por su lado, las glándulas endocrinas de secreción interna también son capaces de liberar sustancias, hormonas, que influyen en la conducta emocional del individuo, como la hormona del crecimiento, la tirotropina, las gonadotropinas, los estrógenos, la progesterona y, en lo que atañe a la agresividad, especialmente la testosterona y la vasopresina.

5. Estrés  y violencia

Estrés un término que define las respuestas  fisiológicas y conductuales que el organismo presenta ante estimulación aversiva con el propósito  de adaptarse a las condiciones cambiantes del medio. La respuesta fisiológica de estrés, controlada por el eje hipotálamo -hipófisis- glándula suprarrenal, se  caracteriza  por aumento en la liberación de varias hormonas al torrente sanguíneo, entre ellas los glucocorticoides, sintetizador por la porción más externa o corteza de la glándula suprarrenal, y la adrenalina, liberada por la parte central o medular de la misma glándula. Las respuestas conductuales de estrés permiten al organismo lidiar con la situación aversiva en una de dos formas: pelear o huir, según las características y posibilidad de adaptación a la situación de estrés.

La respuesta de estrés, fisiológica y conductual, está regulada por el sistema nervioso central SNC, especialmente por aquellas regiones a cargo del funcionamiento óptimo del organismo y así propiciar el mantenimiento del equilibrio interno (homeostasis).
Entre las regiones implicadas en el control de la respuesta al estrés se encuentran el núcleo paraventricular del hipotálamo, que se localiza en las pareces del tercer ventrículo cerebral, y estructuras del sistema límbico. El sistema límbico, como encargado del procesamiento emocional, participa en la regulación de las respuestas fisiológicas y conductuales de estrés. Las principales regiones límbicas que participan en la respuesta de estrés son la amígdala, el hipocampo, las cortezas del cíngulo y orbitofrontal.

En individuos adolescentes y adultos se ha observado que el estrés contribuye sustancialmente al aumento en la violencia y agresión en el trabajo, escuela y hogar.


Figura 2 : Diagrama que ilustra las interconexiones entre las estructuras neurales que participan en la génesis de la conducta violenta y su relación con el estrés.


6. Sistema serotoninérgico

En la actualidad, las conceptualizaciones sobre la violencia se basan en la teoría de la neurotransmisión múltiple, en la que un complejo sistema neural y diversas sustancias químicas están implicados en la regulación de las conductas violentas.

Algunas de estas sustancias neuroquímicas que realizan tan importante papel en la modulación de la violencia son: las catecolaminas, la serotonina (5-HT), el glutamato y los GABA, entre otros. Pero sin duda la 5-HT es el principal neurotransmisor relacionado con la agresión y la violencia, por lo que nos centraremos en ésta en el presente trabajo.
La 5-HT es producida en los núcleos del Rafe y desde ahí es enviada a través de las vías serotoninérgicas a numerosas regiones del encéfalo. Esta sustancia forma parte de la regulación de emociones y conductas como el estado de ánimo, el ciclo de sueño-vigilia y la conducta agresiva. Se relacionan unos altos niveles de serotonina con una baja violencia e impulsividad y al contrario, mientras que una disminución de los niveles de ésta aumenta la frecuencia e intensidad de reacciones agresivas, antisociales y sobre todo las de tipo impulsivo.

Durante más de 40 años se ha postulado como imprescindible la necesidad de controlar la agresividad y los rasgos impulsivos en muchas especies animales y en los humanos (Kravitz y Huber, 2003). Para ello es necesario conocer los receptores serotoninérgicos, los cuales se han expresado en zonas específicas del SNC (en la tabla 1 encontramos una clasificación de las áreas cerebrales y el papel de la serotonina en ellos).

La 5-HT actúa como agonista en la supresión de conductas agresivas en los receptores 5-HT2, por lo tanto un déficit de ésta provocaría o favorecería una desinhibición o incremento de la conducta agresiva frente a la provocación.

Tabla 1: Clasificación de áreas cerebrales y la función de la serotonina.

7. Alimentación y agresividad

Existen indicios fundados de que ciertos productos alimentarios presentes en la dieta occidental,  asociados a la carencia de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales, favorecen a la conducta violenta.
Efectivamente, existen alimentos que influyen en la conducta, causan algunas reacciones alérgicas y modifican el nivel de glucosa (azúcar) en la sangre, lo cual puede afectar considerablemente el estado emocional.

Un ejemplo es el chocolate, que en pequeñas cantidades es formidable promotor del optimismo y la felicidad, pero que si se consume en exceso puede generar angustia, ya que este producto es rico en sustancias como cafeína,  teobromina y otras que irritan el hipotálamo (región del cerebro que controla la función de las glándulas).

La relación entre la alimentación y el carácter o la conducta ha sido objeto de controversia entre los científicos desde hace siglos, a pesar de que está clara para la sabiduría popular. Solo desde hace unas décadas,  se han empezado a publicar estudios que muestran una relación objetiva entre lo que se come y lo que se es.
Uno de los primeros pasos para confirmar que ciertos alimentos pueden favorecer la conducta violenta, se dio en la Universidad de Wales Swansea (Reino Unido). Allí se ha comprobado que las dietas de eliminación, en las que se suprimen ciertos productos "sospechosos", reducen la agresividad.

Entre los productos sospechosos que pueden favorecer la hiperactividad e incluso la conducta violenta, destacan los siguientes:
  • Ciertos aditivos artificiales (principalmente los colorantes).
  • Los alimentos procesados industrialmente.
  • Los azúcares refinados.
  • Las carnes.
  • Las bebidas alcohólicas.

Del mismo modo, se puede apreciar que la deficiencia de vitamina B6 (presente en alimentos ricos en azúcares refinados, aditivos y colorantes) a nivel del cerebro puede desencadenar conductas agresivas e hiperactividad. Sustancias estimulantes como la cocaína y en menor grado la cafeína.

Se sabe, asimismo, que algunos casos de neurosis (conjunto de enfermedades que afectan al sistema nervioso) se relacionan estrechamente con la presencia de toxinas de origen animal que se forman en el colon, provocando en primera instancia problemas de estreñimiento que repercuten directamente en el intestino, el cual se ve obligado a alterar su capacidad de autoprotección, de forma que las sustancias producidas por el colon tienen que moverse hacia otras partes del organismo, con repercusiones graves en el estado de ánimo de la persona afectada.

De la misma manera, la carencia de ciertas vitaminas y minerales ocasiona diversos trastornos, por ejemplo,  la falta de potasio provoca cansancio y confusión, si no consumimos magnesio estaremos apáticos y débiles,  mientras que si carecemos de vitamina B12 podemos padecer una degeneración del sistema nervioso. Asimismo, fatiga y depresión se presentan cuando no hay suficiente cantidad de niacina (vitamina B3), la cual ayuda a eliminar los depósitos tóxicos del organismo.

Si la eliminación de un producto de la dieta es capaz de mejorar la conducta de una persona agresiva, queda confirmada la relación entre la alimentación y la violencia.
Aunque faltan aún muchas investigaciones, con lo que ya se sabe sería suficiente como para al menos contribuir a frenar el incremento de la violencia y de la agresividad en el mundo.

Hipoglucemia

Estudios realizados en la Universidad de Helsinki muestran que las personas agresivas tienen una menor  tolerancia a la glucosa, y sufren hipoglucemia reactiva después del consumo de azúcares. Además, presentan  niveles bajos de serotonina en el cerebro. Ambas alteraciones se potencian por el consumo de bebidas alcohólicas.

La hipoglucemia o bajo nivel de glucosa en la sangre, puede producirse como una reacción tras el consumo  de productos ricos en azúcares refinados y pobres en fibra, tales como los dulces, pasteles y caramelos. Se ha visto que ciertas personas son más sensibles al aumento en el nivel de glucosa causado por los productos dulces, y reaccionan con un descenso más acusado. Estas fluctuaciones en el nivel de glucosa en sangre, favorecen la conducta agresiva.

De acuerdo con estas investigaciones, las personas que tengan tendencia a la conducta agresiva o violenta, deberían:
Evitar especialmente la combinación de azúcares refinados y alcohol.
Aumentar la ingesta de alimentos ricos en triptófano, precursor de la serotonina  (Buenas fuentes de triptófano son los porotos, frijoles o judías y otras legumbres, así como los frutos secos  y los cereales integrales)

Carencia de vitaminas y minerales

Uno de los estudios más relevantes lo desarrolló la Universidad de Oxford con presos de cárceles del Reino Unido: Los que recibieron suplementos de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales durante al menos dos semanas,  cometieron un 35% menos de infracciones o delitos que sus compañeros de prisión.

Los investigadores de este estudio concluyeron que una alimentación deficitaria en vitaminas, minerales y ácidos  grasos esenciales, como la típica comida rápida, favorece la conducta antisocial y violenta.
Otro estudio realizado por la Universidad del Estado de California (Estados Unidos) con jóvenes de 13 a 26 años  internados en reformatorios, confirma que una alimentación equilibrada según las recomendaciones de la OMS,  y rica en vitaminas y minerales, reduce a la mitad los casos de conducta antisocial.

Carencia de ácidos grasos esenciales

Los ácidos grasos esenciales son grasas que el cuerpo no puede producir a partir de otras, y por tanto, deben ser  ingeridas con la alimentación.
Estas grasas esenciales son necesarias para formar las membranas de las neuronas. Se conocen dos tipos  de ácidos grasos esenciales, ambos poliinsaturados:

Ácidos grasos omega-3: El más importante es el ácido alfal-linolénico (18:3), conocido por las siglas ALA. Las principales fuentes alimentarias del ácido graso esencial alfa-linoléico (ALA) son:
  • Semillas de lino.
  • Nueces y otros frutos secos.
  • Soja (semillas, aceite y leche de soja, pero no en los extractos de proteína de soja).
  • Ciertas verduras de hoja como la hierba de los canónigos (Valerianella locusta, lechuga silvestre que crece en muchos campos de Europa) y la verdolaga (Portulaca oleracea).
  • Leche materna.

Ácidos grasos omega-6: El más importante es el ácido linoléico (18:2), que se encuentra en toda clase de frutos secos y semillas (girasol, maíz, calabaza, etc.).
Se sabe que la carencia de estos ácidos grasos esenciales, presentes principalmente en los frutos secos, las semillas y otros alimentos vegetales, favorece la conducta agresiva y violenta. La carencia de omega-3 también favorece la depresión.

Una dieta para cada necesidad

En caso de estar estresado, lo mejor es combinar una alimentación de carbohidratos complejos  (los puede obtener de macarrones, espagueti, pan, arroz, legumbres y papas) con vitaminas del complejo B  (verduras de hoja verde, frutas frescas y cereales integrales), vitamina C (naranja, guayaba, toronja) y zinc, que se encuentra en hígado, carne roja, yema de huevo, productos lácteos y mariscos.

Esta dieta, siempre con medida, te ayudará a prevenir infecciones provocadas por el debilitamiento del sistema inmunológico (aquel que nos defiende del ataque de bacterias y virus), reducirá la fatiga y ofrecerá efecto sedante que lo mantendrá tranquilo y relajado.

Si estás pasando por un periodo de melancolía y nostalgia, es recomendable consumir productos lácteos  (leche, queso, yogurt), carne magra (sin grasa), huevos, aves, pescados y mariscos, vísceras, chícharos,  frutas como melón y naranja, así como verduras frescas, como espárragos, brócoli, col y lentejas, cereales, pasta,  papas, arroz, pan y dulces, como chocolate y miel. Todos estos alimentos contienen proteínas, vitamina B6 y carbohidratos, que nos ayudarán, en primer lugar, a subir el ánimo, debido a un aminoácido llamado triptófano,  que estimula la producción de serotonina (sustancia que se utiliza en el tratamiento de la depresión);  la vitamina referida nos puede ayudar a combatir la tristeza, en tanto que los carbohidratos producen  sensación de bienestar.

Por otro lado, si te encuentras en estado de ansiedad, lo mejor es que comas fruta fresca, especialmente naranjas y limones.  También se sugiere consumir vitaminas del complejo B, que se encuentran en carne, huevos, queso, nueces y verduras de hoja  verde, como espinacas y acelgas, además de bebidas lácteas dulces; todo esto para reducir el efecto que produce la  carencia de vitamina C y vitamina B6 (similar al estado de estrés). Tomar un vaso con leche y azúcar ayuda, ya que contiene triptófano y  carbohidratos simples, que calman la mente y brindan sueño realmente efectivo.

Si te sientes falto de energía, será benéfico añadir a tu régimen alimenticio carne roja, hígado, sardinas, mariscos,  cacahuates, verduras de hojas verdes como brócoli, coles de Bruselas, espinacas, así como pastas, pan integral, pollo, pescado, productos lácteos y huevos, alimentos con los que obtendrás zinc y aumentará tu energía,  hierro, que te ayudará a prevenir anemia y carbohidratos para aumentar su sensación de bienestar.
Sin embargo, ten cuidado de no consumir carbohidratos refinados, presentes en galletas, caramelos y pasteles, ya que en vez de proporcionar energía causan fatiga.

Si eres de las personas con notables variaciones en el estado de ánimo, es decir, que por momentos te sientes muy bien y repentinamente decaes, tal vez requieras de alimentos que contengan carbohidratos complejos, como legumbres (frijoles y lentejas), cereales integrales y frutas, así como vitaminas del complejo B (papas, frutas frescas, cereales integrales, huevos, carne magra, hígado y aves).

Por último, si estás irritado y necesita calmarte, puedes comer cereales, leche, galletas y miel en el desayuno, y pasta, arroz, pan, legumbres y papas a lo largo del día; todos estos alimentos contienen carbohidratos, que aumentan los niveles de serotonina y logran efecto sedante en los nervios. Si también consumes arroz integral, yema de huevo, pescado, frutas secas, plátanos, aves, vísceras, soya, cereales integrales, productos lácteos y levadura de cerveza, tu cuerpo recibirá vitaminas del complejo B, con lo cual podrá elevar el ánimo y reducir la ansiedad. Así las cosas, una dieta balanceada nos ayudará a desintoxicar nuestra mente y nos dará la energía suficiente para impedir que la depresión y el estrés se apoderen de nuestra vida. Vacúnate hoy contra el mal humor, simplemente... come bien.

Conclusión:

Los diversos trastornos donde se presenta conductas violentas están enfocadas en lesiones en el córtex frontal así como en su estado no tan desarrollado en la adolescencia hasta los 25-30 años de edad, y la amígdala por el sistema límbico , es toda una red neuronal donde se estable la conducta así como la segregación de hormonas a un nivel correcto para inhibir estas conductas,  la sociedad, la pobreza, la nutrición, también influye como factores endógenos, el clima de trabajo, el clima familiar es fundamental. No podemos ser reduccionistas y expresar que podemos frenar las conductas agresivas solo con conocer cómo se producen estas en nuestras regiones y conexiones cerebrales. El miedo nos genera emociones agresivas, si alguna vez fuiste atacado o te vieron mal, es seguro que es por el factor miedo de la otra persona.


Fuentes: 


http://s3.amazonaws.com/academia.edu.documents/33252358/tlb.pdf?AWSAccessKeyId=AKIAIWOWYYGZ2Y53UL3A&Expires=1496164647&Signature=w46SLW0sOhDsNi0o%2FrIE4qy3INY%3D&response-content-disposition=inline%3B%20filename%3DFunciones_Ejecutivas_y_Trastornos_del_Lo.pdf

http://www.juconicomparte.org/recursos/Cerebro_diseniado_para_la_violencia_arm6.pdf
Dialnet-LaNeurocienciaYLasConductasViolentas-3730998%20.pdf
Tesis doctoral, tesis doctoral actitudes, emociones y abribuciones morales en realcion con conductas agresivas en el contexto escolar en alumnos de 10 a 17 años, utilizando el cuestionario scan bullying Rosaura Gutiérrez Valerio de May
http://www.saludymedicinas.com.mx/centros-de-salud/salud-mental/consejos-alimenticios/alimentos-para-combatir-mal-humor-y-depresion.html
http://www.curiosidadesnutritivas.com/2011/01/alimentacion-y-agresividad.html
http://dspace.umh.es/bitstream/11000/2566/1/L%C3%B3pez%20Moreno%20_%20Paloma.pdf
http://revmexneuroci.com/wp-content/uploads/2014/06/Nm062-08.pdf